Por la memoria – que es esencialmente mentirosa – pasó uno de los salones del hotel Fiesta Americana. Día de fiesta mexicana. 2008: En el Festival de Guadalajara una fiesta sorpresa para el cumpleaños de Fernando Birri: ¡83 años! El salón lleno de amigos. Lo saludaron con mariachis, abrazos, ¡bravos!, sonrisas, vino, tequilla y un pastel de chocolate ricamente decorado con florecitas y un mensaje al corazón del maestro. Yo allí con mi cámara. Las fotos no salieron muy bien, pues me encontraba de hecho más en la fiesta que con la atención en el foco y el cuadro y en la luz. Son cosas que las máquinas digitales de hoy prometen hacer de modo automático pero, como sabemos todos, en la hora que eso es verdaderamente necesario, las cámaras pierden la memoria. Lo que pasó al mejor fue así: yo con la maquina sin memoria me veo en un lado del salón en la hora en que Birri toma el cuchillo para cortar el grande y muy decorado pastel de cumpleaños (para un viejo dulcero que ya no puede comer azúcar, los pasteles de chocolate en la memoria son siempre grandes y ricamente decorados). Sin darme cuenta de lo que veía creo haber visto que Birri me había descubierto con la cámara y que, mirando sin mirar, adivinó por el costado del ojo que yo iba a sacar una foto y alzó el brazo con el cuchillo en la mano. Con ese gesto, como se presionara un invisible control remoto, disparó mi cámara – ¡click! – y salió la foto. En parte por la presión de mi dedo en el obturador de la desmemoriada, en parte mayor por el gesto de él. “¿ Te gustó?”, me pregunto Fernando antes de que le enseñara la foto. ”¿Te gustó? ¡Mas fuertes son los poderes del pastel!”. Habló entonces a la manera de Othon Bastos en Deus e o diabo na terra do sol. Al descubrirme a un lado del salón (brasileño + mas cámara en mano sin ninguna idea en la cabeza) memoria-flash: él se acordó de la película de Glauber. Gesto inmediato, mirar en mi dirección pero en realidad mirar Glauber en la imaginación y, la mano erguida como la de Corisco, la imaginación de Birri sacó la foto en la desmemoriada.       

2.

A menudo repetimos, para no correr el riesgo de olvidarlo, que el cine se construye de una forma muy cerca del trabajo del sueño. Para los que sólo tenemos ojos para el cine, pensar la película como un sueño nos remite, natural y rápidamente, a Buñuel. Y a su definición del peor de los hombres – si no me miente la memoria: “un ser asqueroso, ¡dicen que nunca ha soñado en su vida!”. Y a la pequeña vuelta a su definición para definir el peor de los peores: el que nunca ha soñado en el cine. Sueño, si, pero no solamente el trabajo del sueño, sino que también (a lo mejor, incluso un poco más) el funcionamiento de la memoria, el proceso interno de articulación de los recuerdos, se encuentra en la base de la invención del lenguaje del cine. La mano erguida con el cuchillo del pastel en la fiesta mexicana del Fiesta Americana es, así, puro cine porque las películas viven de verdad no en la pantalla, muchas de las que se pasan allí se olvidan, sino que siguen en proyección y en re-invención en la memoria, que miente como Dios y el diablo.  

3.

La mentirosa y fantasiosa me cuenta que fue en el palco escénico del Cine Foro da Universidad de Guadalajara en un debate Ernesto Gómez Cruz y Salma Hayek después de la presentación de El callejón de los milagros de Jorge Fons. Fue en 1995: Un espectador preguntó a Gómez Cruz como vivió su personaje, Don Rutilio, viejo jefe de familia que a los treinta años de casado pierde interés en su mujer, pierde interés en las mujeres de un modo general, y se vuelve en homosexual.
Otro espectador preguntó a Hayek por qué ella se quedó inmóvil en la calle con su novio herido y no salió a buscarle ayuda, un medico, un carro que pudiese llevarlos a un hospital y así salvarle la vida. Una pregunta al actor y otra no para la actriz sino para el personaje que ella vive en la película. Dos cuestiones más para el espectador asomarse al interior, si me acuerdo bien, hechas para que el espectador se pregunte como ha sido posible que él haya vivido la película como si fuera la propia realidad. Dos preguntas tímidas, si me acuerdo bien, el preguntador dando vueltas en la cabeza para no preguntar con clareza lo que quería saber de hecho, o sea: el actor, ¿es puro fingimiento o él vive de verdad, por lo menos en una cierta medida, lo que vive en la escena?
O sea: Ernesto Cruz, por ejemplo, al vivir Don Rutilio – dos hijas ya casadas, un hijo a punto de cruzar la frontera y tentar la suerte en Estados Unidos –, para vivir bien su personaje en la película, Ernesto se transformara en un homosexual? Y Salma (¿o Alma? pues en ese caso el nombre de la actriz y de la personaje ayudan a una confusión entre las dos), y Salma: ¿como podría explicar su actitud frente al novio herido? ¿Como se sentía allí, sonriendo en la sala después de no haber hecho nada para salvar la vida del joven? En la memoria, esperemos que la mentirosa no mienta mucho, otras miles preguntas con ese mismo tono. Todas ellas son en verdad respuestas del espectador a las películas que siguen vivas en su imaginación después de la proyección. Él pregunta porque se encuentra aún la película terminada, mas adentro de esa realidad de ficción que los personajes que la han vivido. Al mejor por eso, las dos preguntas a El callejón de los milagros en el Cine Foro llamaron la atención. Gómez Cruz, en respuesta a la respuesta del espectador, habló como si fuera el personaje, repitió una línea del diálogo de Don Rutilio en la película: dijo que después de cierta edad todo el mundo tiene ganas de experimentar nuevas sensaciones. Hayek, al contrario, salió de la piel de su personaje, habló como actriz: dijo que los intérpretes hacen cosas que no siempre se explican fácilmente para dejar las imágenes dando vueltas en la cabeza del espectador generando cuestiones como las que se presentaban allí para criticar los gestos e acciones de los personajes.

4.

1995: El reportero con un pequeño grabador en manos para registrar con precisión cada palabra (por cierto no tenía confianza en su memoria) tomo su tiempo para dar una buena explicación de su pregunta. Él se encontraba allí en el homenaje del Festival de Guadalajara al maestro Gabriel Figueroa para conocer el secreto jamás revelado, el truco, el efecto especial que ha permitido poner en todas sus películas, sea en las muchas que ha fotografiado para el Emilio Fernández sea en las que ha fotografiado para John Huston, sea en otras tantas que ha trabajado con otros directores, una nube en el cielo. ¿Como hacía para poner en el cielo gris de sus imágenes en blanco y negro las nubes blancas que se han tornado una característica del cielo de los melodramas mexicanos de los cuarenta y cincuenta?  Figueroa tardó un instante para decir algo, pero mal terminada la pregunta empezó a responder con los ojos (una rápida mirada al cielo, donde una nube blanca y solitaria iba de paso en el cielo azul) y con las manos (como se buscara algo en el bolsillo). Se puedo tener alguna confianza en mi memoria, lo primero que dijo fue: “hoy, me olvidé”. Dijo que se olvidara y siguió hablando al joven que al salir de casa para el trabajo siempre llenaba el bolsillo de nubes muy bien vaciadas tal se vacían los balones de fiestas para después llenarlas de nuevo y soltarlas a los cielos. Tres o cuatro de las grandes, unas más pequeñitas y pronto. Pero, repitió, “hoy, me olvidé. Salí solamente con la que puedes ver arriba”. En la conversación un pequeño (largo) blanco (más blanco que el de la nube). Figueroa muy serio por tras de sus largos lentes miraba al reportero que seguía con el grabador en manos. Pasado el blanco, él dijo en otro tono, después de una sonrisa pequeña y cordial que en el cine casi todo es tan impreciso como la forma de una nube y que en esa imprecisión está el bueno del cine. Que él no sabía mas decir como había hecho eso o aquello en una película pues su memoria se había ido por los cielos como una nube. Pero sabía que no se puede olvidar de mirar la naturaleza para hacer cine. El secreto: las nubes se encuentran en las películas porque el cine quería un cielo más verdadero que aquél que sólo tenía estrellas del star system.

5.

En la mentirosa, fantasiosa y soñadora memoria viene el recuerdo de los primeros versos de una canción de carnaval – con frecuencia para llorar nuestras penas nos ponemos a reír, a hacer comedias, y en esa canción uno que se recuerda de la novia que le dejó canta en voz alta y tono alegre como se viviera en la cumbre de felicidad: “Recordar é viver. Eu ontem sonhei com você” Tal vez la canción venga a la memoria ahora, en medio a esa conversación sobre cine, porque eses versos pueden ser tomados como una imagen de la relación del espectador con la película que ya pasó, mas sigue en la memoria. Sigue allí donde el cine existe de verdad, donde es posible verdaderamente eliminar el tiempo, el espacio y la lógica (eliminarla o inventar otra) para realizar en vivo lo que una película intenta escribir. Tal vez se pueda decir que el cine después que pasa en la pantalla, como otro cualquier hecho vivo, nos tira cartas y tarjetas postales a la memoria en una correspondencia sin fin y hoy ampliada porque empezamos a recibir también montones de e-mails. Yo, que perdí la memoria un día y que cuando escribo con frecuencia pierdo el rumbo en divagaciones mil, tengo la felicidad de encontrar en la caja de correo de la muy mentirosa larga correspondencia de las películas y demás cosas vivas que he visto en Guadalajara en los muchos marzos que le visite. Y me divierto especialmente cuando la memoria, para recuperar el que fue tal como fue, en un milagro más grande que el del callejón de Fons, pone en el cielo como una nube de Gabriel el pastel de chocolate del cumpleaños de Birri mas ancho que el palco escénico del Cine Foro. 
  

Recordar es vivir

[Nota sobre los 25 años del Festival de Guadalajara originalmente publicado em Cartas y postales de los amigos del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, março de 2010]

 

Fernando Birri, Guadalajara março de 2008. Foto Jose Carlos Avellar

Fernando Birri, Guadalajara março de 2008

Fernando Birri, Guadalajara março de 2008

Fernando Birri, Guadalajara março de 2008

Fernando Birri, Guadalajara março de 2008

Fernando Birri, Guadalajara março de 2008

Fernando Birri, Guadalajara março de 2008

Fernando Birri, Guadalajara março de 2008

Fernando Birri, Guadalajara março de 2008

 

 

 

 

 

 

 

Gabriel Figueroa, março de 1995, Guadalajara. Foto: José Carlos Avellar

Gabriel Figueroa, março de 1995, Guadalajara.

 

Exposição Gabriel Figueroa, Guadalajara 2010

Exposição Gabriel Figueroa, Guadalajara 2010

Como parte das comemorações de sua edição número 25, o Festival Internacional de Cine en Guadalajara organizou com o Museu de Arte de Zapopan uma exposição Gabriel Figueroa, uma ampla seleção de fotos de cena, desenhos, pinturas e ampliações de fotogramas para analisar o processo de trabalho do fotógrafo que por mais de cinquenta anos (de 1932 a 1983) trabalhou, entre muitos outros, com Fernando de Fuentes (Vamonos con Pancho Villa, 1935), Emilio Fernández (Enamorada, 1946, Pueblerina, 1948), Luis Buñuel (Los olvidados, 1950; El ángel exterminador, 1962, Simon del desierto, 1964) e John Huston ( A noite do iguana / The Night of the Iguana, 1963; À sombra do vulcão / Under the Volcano, 1983). Na exposição, ao lado das imagens de Figueroa, exemplos de trabalhos de pintores (Orozco, Rivera, Siqueiros) fotógrafos (Paul Strand, Tina Modotti) e cineastas (Eisenstein) que influenciaram seu trabalho.

Guadalajara marcou ainda o seu vigésimo quinto aniversário com a entrega do Prêmio Fipresci América Latina 2009, para os melhores filmes do ano de acordo com votação promovida entre os críticos de cinema latino-americanos: a ficção uruguaia Gigante de Adrián Biniez e o documentário brasileiro Garapa, de José Padilha.

No extenso programa do Festival, duas mostras competitivas de ficção –uma para filmes ibero-americanos e outra para filmes mexicanos – duas outras competições para o cinema documentário, e um conjunto de mostras paralelas fora de competição: uma seleção do festival de cinema de animação de Annecy, uma homenagem à atriz Maria Rojo, outra à diretora Agnès Varda, uma retrospectiva do ator Joaquín Pardavé e um panorama da produção francesa e ibero-americana recentes.

Entre os premiados pelos jurados do festival, os mexicanos Las buenas hierbas de María Novaro e Perpetuum mobile de Nicolás Pereda, o paraguaio Cuchillo de palo de Renate Costa, e os brasileiros Entre a luz e a sombra de Luciana Burlamaqui, Os famosos e os duendes da morte de Esmir Filho e Terras de Maya Da-Rin.

María Novaro, Guadalajara 2010, foto José Carlos Avellar
María Novaro no anúncio do prêmio a Las buenas hierbas no Festival de 2010

 

 

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